Los cuidados maternos para el desarrollo emocional del bebé

Dentro de los cuidados maternos, en los primeros meses de vida del bebé es fundamental la presencia de la madre o sustituto encargada de la crianza, por ejemplo en los orfanatos y/o niños de acogida en familias, para el desarrollo emocional del mismo.

El bebé está súbitamente desde su nacimiento enfrentado a una gran cantidad de estímulos que sólo podrá ir digiriendo poco a poco si existen las condiciones “básicas”, es decir los cuidados maternos, para que esto pueda llevarse a cabo. Estas condiciones “básicas” y necesarias no son estáticas sino que están permanentemente en cambio y transformación.

Es a través de estas experiencias que acontecen después del nacimiento, que se establecen y favorecen el desarrollo de vínculos y apegos, que junto con la continua interacción social nos permite observar como el bebé tempranamente distingue a las personas y objetos de su entorno. 

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Desde los primeros momentos de vida es fundamental que pueda establecerse un diálogo fluído entre la mamá y el bebé. Es sabido que el bebé depende absolutamente de cómo sean descifrados sus necesidades, deseos, dolores y sufrimientos. Sabemos que esto no es sencillo porque la mamá también tendrá que ir haciendo un tránsito de pasar a que ese bebé era parte de élla durante 9 meses de embarazo, a estar frente a otro que depende casi y exclusivamente de élla.

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Por lo tanto tendrá también que ir conociendo y descifrando lentamente lo que a esa “personita” le va ocurriendo.

¿ cómo puede lograrse mínimamente este diálogo y más aún cómo puede ir solidificándose a lo largo del tiempo para que satisfactorio y sano para ambos?.

1º: una cierta tranquilidad por parte de la madre será fundamental en los primeros tiempos. Con tranquilidad queremos decir que pueda no desesperarse ante la incertidumbre que se hace patente al tener que ir descubriendo lo que el bebé pide en cada momento. Desde ya que habrá momentos en que el bebé estará molesto y será difícil poder calmarlo. El bebé también experimentará momentos de insatisfacción, que también son importantes para su desarrollo.

Los recién nacidos, incluso los prematuros, muestran a menudo sonrisas, generalmente como reacción a estímulos internos de naturaleza incierta, durante el sueño o en momentos de somnolencia. Se piensa que la sonrisa del bebé puede desencadenarse al descubrir que tiene ciertas repercusiones sobre situaciones de su entorno, como asegurarse los cuidados maternos, o la atención de ella o sus cuidadores.

Generalmente el bebé que de 8 a 12 semanas de edad (entre 2 a 3 meses) no muestra sonrisa social debe considerarse como un posible caso de alteración del potencial de desarrollo y/o de la calidad de las experiencias ambientales emocionales que condicionan el desarrollo de sus vínculos y el apego.

2ºaquí es importante la inclusión del padre como aquel que acompaña en especial a la madre, para que ella puede ir asimilando sus propias emociones y transmitir al bebé los cuidados maternos que propicien una cierta calma en momentos de insatisfacción de este.

Para que esto pueda darse es fundamental que el padre no se sienta desplazado y celoso. Su presencia es capital para el desarrollo emocional del bebé y para que la madre pueda sentirse apoyada en los cuidados maternos que va instrumentando.

Sabemos que esto no es sencillo ni inmediato dado que él también deberá ubicarse en la nueva situación.

Este dialógo recíproco va configurando lazos emocionales, el bebé aprende a interpretar sus propios estados internos y a transmitir información sobre ellos, y la madre aprende a descifrar las señales del niño y a responder con actitudes que consuelan, calman, o hacen tolerables una frustración o el aplazamiento de una gratificación, como  por ejemplo mamar en ese instante. Se promueve de esta forma la sensación de seguridad del lactante si la madre o la persona encargada de la crianza le provee de los cuidados maternos de forma diligente, amorosa, tierna e inspiradora de confianza. Es lo que llamamos Sostén materno.

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Estos lazos emocionales y estos momentos van dejando "huellas" en el psiquismo del bebé, dando lugar poco a poco a configurar una determinada organización psíquica.

En los casos en los que los cuidados maternos son deficientes, las necesidades del bebé no se ven atendidas de forma fiable y regular, estos bebés pueden llegar a sentir que son incapaces de influir en el entorno mediante sus acciones y como consecuencia de ello mostrar angustia, hostilidad o retraerse.

Se  ha observado que un entorno que reacciona a las solicitudes del niño es más importante para su desarrollo emocional que los intentos de anticiparse a sus necesidades.

Si se accede mínimamente a que estas condiciones son posibles es muy probable que el desarrollo del bebé y de los padres sea promisorio y pueda sostenerse a través del tiempo.

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